La Campiña Sur se extiende en una sucesión de llanuras cerealistas, viñedos y olivares, salpicado de sierras suaves que marcan el horizonte. Sus pueblos, de origen romano, visigodo y árabe, conservan un patrimonio monumental de gran valor, mientras que la gastronomía refleja la abundancia de la campiña y la herencia agrícola que ha definido su carácter.
El binomio vino y los productos de la matanza se configura como el tándem perfecto en la oferta gastronómica de la comarca. Los importantes restos hallados en las ruinas de Regina Turdulorum ya nos hablan de una importante producción de vinos y aceites bien reconocidos en la Bética. En la actualidad, un gran número de bodegas elaboran vinos de gran calidad al amparo de la DOP Ribera del Guadiana.
El aceite de oliva virgen extra, los embutidos ibéricos, el cordero (IGP Corderex) y los quesos de cabra y oveja son parte esencial de la despensa de esta comarca. En su recetario también ocupan un lugar destacado los platos de caza menor, en los que también se percibe una fuerte influencia monástica, como la perdiz confitada.
Los platos tradicionales incluyen las migas extremeñas, la caldereta de cordero, la chanfaina, las sopas de tomate y los guisos de legumbres y de caza menor. El cerdo ibérico se disfruta en piezas a la brasa o en embutidos curados, mientras que la repostería destaca por los dulces conventuales, perrunillas, roscas y flores fritas que rinden justo tributo a la fuerte presencia actual e histórica de conventuales en sus principales focos culturales y artísticos: Llerena y Azuaga.
Las fiestas gastronómicas celebran estos productos con orgullo. La Feria del Vino y la Tapa de Llerena une tradición vitivinícola y creatividad culinaria. El inicio de la primavera viene marcado por la celebración de la Matanza Tradicional Extremeña y Feria del Embutido, que atrae a miles de visitantes en torno a las calles de Llerena, todo un homenaje al ritual de la matanza del cerdo. Las celebraciones en torno a la vendimia completan un calendario donde la gastronomía es centro de la vida social. En municipios como Azuaga y Berlanga, fiestas patronales incluyen degustaciones colectivas y mercados de productos locales. No podemos cerrar este capítulo sin hacer mención a “Llerena Monumento Gastronómico” una cita indispensable en la región que fusiona patrimonio monumental y gastronómico de manera única.
El patrimonio monumental es amplio y variado. Llerena, ciudad ducal, conserva un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural, con su iglesia de Santiago, el convento de Santa Clara y casas solariegas. En Azuaga, el otro gran foco cultural de la comarca, destacan la iglesia de la Consolación y restos de su castillo medieval. Los dólmenes de Granja de Torrehermosa y los castillos de Reina y Berlanga o la ciudad Romana de Regina Turdulorum, completan un conjunto monumental que narra siglos de historia. Mención destacada merece el monumento Natural de la Mina la Jayona, testigo de la intensa actividad minera que conoció la comarca a inicios del siglo XX y cuyos restos nos ha legado un paraje de excepcional belleza. Cerca de allí, se encuentra uno de los monumentos que más miradas y titulares han acaparado en los últimos años: se trata de La Ermita Virgen del Ara, que alberga una espléndida colección pictórica de 26 pinturas murales al fresco atribuidas a la escuela de Zurbarán y que, por sus dimensiones y calidad le han valido el apodo de Capilla Sixtina Extremeña.
El paisaje es el de una campiña abierta, salpicada de viñedos y olivares, atravesada por suaves ondulaciones que rompen la llanura y permiten disfrutar de amplias vistas panorámicas. Senderos y rutas enoturísticas permiten descubrir bodegas, lagares y almazaras, donde el vino y el aceite se degustan junto a quesos y jamones de proximidad.
Campiña Sur es vino y llano, historia y hospitalidad: una comarca donde la cultura agrícola y el legado monumental se combinan para ofrecer al visitante sabores genuinos y un paisaje sereno.