Gastroterritorio Sierra de Gata

LA ESENCIA DEL OLIVO Y LA HERENCIA FRONTERIZA

Gastronomía serragatina, ¡date el gustazo!

En el extremo noroeste de Cáceres se abre la Sierra de Gata, un territorio de valles frondosos y sierras suaves donde el olivo marca el ritmo de la vida y del paisaje. Esta comarca conforma La Raya con tierras portuguesas, lo que  ha forjado una identidad mestiza en la que la gastronomía, la arquitectura y las tradiciones perviven como testimonio de siglos de historia fronteriza.

El producto más emblemático es el Aceite Gata-Hurdes DOP. La variedad Manzanilla Cacereña endémica de estas sierras y valles, es afrutada y suave, y su alta concentración en ácido oleico la convierte casi con toda probabilidad en la mejor aceituna del mundo para producir el preciado aceite de oliva virgen extra. Este oro líquido impregna platos y recetas, y el es protagonista de rutas oleoturísticas que muestran desde los olivares centenarios hasta las modernas almazaras. A su lado, vinos de pitarra, mieles serranas, embutidos ibéricos y quesos artesanos de cabra completan una despensa de gran riqueza.

Entre los platos tradicionales destacan las patatas en caldero, la caldereta de cabritu, la ensalada de naranja, receta hermana de la ensalada de limones hurdana, el esparragau, plato tradicional en la sierra a base de berzas, las migas serranas, y el cocido de garbanzos o judías con coles. Para endulzar el paladar, no podremos deleitar con una repostería en la que el aceite de oliva y la miel está muy presente, con mantecados serranos de yema, bizcochos mañegus o cañas rellenas y otros dulces de sartén que acompañan las celebraciones familiares.

Mención a parte merece el vino de pitarra, que en esta comarca trasciende de lo culinario para ocupar un espacio en su folklore y lo social. Sus viñedos producen variedades endémicas que solo se cultivan en algunos valles de la Sierra de Gata, fruto del clima y la acidez de la tierra. Los Pitarras son famosos en la región y provienen de viñedos históricos que son muy valorados en el sector.

Las fiestas gastronómicas son variadas y reflejan la vinculación de la comarca con sus productos. La Fiesta del Aceite y la Aceituna reúne a productores y visitantes en torno a catas, degustaciones y demostraciones de recogida. En San Martín de Trevejo se celebran la Fiesta de la Vendimia en septiembre o San Martiñu en noviembre, ambas dedicadas a celebrar la cosecha y la producción del nuevo vino de pitarra; La Fiesta del Capazo, en Torre de Don Miguel, es una de los rituales más arcaicos de la región, con las esteras o capazos con los que se prensaba el aceite, como protagonistas de la fiesta. Mientras en otros municipios destacan ferias de productos locales, como el cabrito o la miel o fiestas como la Matanza tradicional de Hernán Pérez o la Fiesta de la Cosecha en Villamiel. Estas celebraciones son también encuentros de música, danza y folclore, que refuerzan la identidad comunitaria.

Una manera muy recomendable de conocer ciertos pueblos de la Sierra, es hacerlo visitando las muchas boigas o pichorras que, desde Cilleros a San Martín de Trevejo, salpican la geografía serragatina, y en las que podrás brindar en mañegu, la Fala de San Martín de Trevejo, uno de los tres pueblos falantes de la Sierra. 

La Sierra de Gata sorprende por su patrimonio histórico y arquitectónico. Pueblos como Hoyos, San Martín de Trevejo, Gata, Trevejo o Robledillo de Gata, declarados Conjuntos Histórico-Artísticos, conservan calles empedradas, casas con balcones de madera y rincones de aire medieval, entre los que serpentea el agua durante el otoño y la primavera. El castillo de Trevejo, o la Almenara de Gata en lo alto de una colina, recuerdan los tiempos de pujanza entre reinos. La raya que antaño sirvió de frontera, es hoy un espacio de unión y de encuentro entre pueblos hermanos. Iglesias góticas y platerescas, ermitas serranas y arquitectura tradicional de piedra y madera conforman un marco cultural de valor incalculable que ha sido testigo del nacimiento de la Red de Aldeas y Conjuntos de la Raya Cacereña.

Su embaucador paisaje hace que la experiencia sea perfecta: sierras cubiertas de robles y castaños, piscinas naturales de aguas transparentes y rutas senderistas que atraviesan bancales de olivos y frondosos bosques de robles  y castaños, invitan a disfrutar con calma de la Sierra. La Sierra de Gata es también territorio lingüístico: aquí se conserva la fala, un habla única reconocida como Bien de Interés Cultural, que añade un valor cultural a la vivencia gastronómica.

La rutas que cosen la geografía de la Sierra y que fueron testigos de la intensa actividad de contrabando en un pasado, hoy son vías de trasmisión de la cultura entre ambos pueblos.

La Sierra de Gata es la tierra del aceite y de la tradición fronteriza: un lugar donde sus árboles nos regalan oro líquido, y donde cada fiesta y cada piedra narran la historia de un territorio orgulloso de su identidad.

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