La comarca de Villuercas Ibores Jara, en el sureste cacereño, es un territorio singular declarado Geoparque Mundial UNESCO, donde la geología, la biodiversidad y la cultura popular se funden con una gastronomía marcada por la tradición pastoril y la riqueza y generosidad de su espacio natural. Sus sierras abruptas, valles encajados y pueblos a caballo entre el valle y la montaña ofrecen un marco que envuelve al viajero en un ambiente auténtico y sorprendente.
La despensa local está presidida por tres joyas con sello de calidad: la Miel Villuercas-Ibores DOP, fruto de colmenas que aprovechan la flora de brezos, jaras y encinas de sus sierras; el Queso Ibores DOP, elaborado con leche cruda de cabra de razas serrana, verata y retinta, de sabor intenso y ligeramente picante, llamativo en algunos casos por su corteza pimentonada; cierra el círculo el Aceite DOP Villuercas Ibores Jara, la última de las DOPs en sumarse a los prestigiosos aceites con Denominación de Origen de la región. Estos productos son la bandera gastronómica de la comarca, reconocidos en todo el país. A ellos se suman embutidos ibéricos, vinos de pitarra y vinos de la DOP Ribera del Guadiana, setas de temporada y dulces de sartén.
Los platos tradicionales reflejan el carácter serrano de la comarca: la caldereta de cabrito, las migas con pimentón de la Vera, la sopa de tomate con higos y guisos de caza como el venado o el jabalí o platos tan sencillos y saludables como el gazpacho o el ajoblanco. Mención a parte merecen dos especialidades de la comarca, ligadas a la matanza tradicional: la morcilla de berzas o tradicionalmente conocida como morcilla de Guadalupe, y la calabacera, una morcilla de temporada elaborada con calabaza. Ligado a la tradición monástica que tan presente está en la comarca, destacan platos que gozan de gran fama, como es el Bacalao al estilo monacal. La repostería emplea miel en flores fritas, roscas y pestiños; gran fama tiene los bollos dormidos y las galletas rizadas o las bollas de chicharrón.
Las fiestas gastronómicas ponen en valor esta generosa despensa. La Feria del Queso Ibores reúne cada año a productores y visitantes en torno a catas y degustaciones, mientras que las jornadas apícolas celebran la calidad de la miel local. En municipios como Guadalupe se organizan mercados tradicionales donde la gastronomía comparte protagonismo con el folclore y la artesanía como ocurre cada año con la celebración de la Geodisea y su edición Geosabor; también destaca la Feria de los Aromas en Navalvillar de Ibor, en la que se exponen productos locales de sus cuatro denominaciones de origen (aceite, miel, quesos y vinos); o la La Feria Agroalimentaria "Sabores del Geoparque” que pone en valor los valores gastronómicos y naturales de estas comarcas naturales.
El patrimonio monumental alcanza su máxima expresión en el Real Monasterio de Guadalupe, declarado Patrimonio de la Humanidad, centro espiritual y cultural de enorme influencia histórica. Sus claustros, retablos y tesoros artísticos lo convierten en uno de los hitos más importantes de España y todo un referente en el devenir culinario de la comarca, y es que sus muros fueron testigos del auge de un recetario monástico de enorme valor y que sirvió de puerta de entrada de multitud de productos traídos del nuevo mundo. Junto a él, la arquitectura popular de pueblos como Cañamero, Logrosán o Berzocana, las ermitas rurales y los castillos medievales recuerdan el pasado fronterizo y religioso de la comarca.
El paisaje del Geoparque completa la experiencia: riscos, cuevas, sierras cubiertas de jaras, encinas y robles, y miradores que muestran la riqueza geológica de más de 600 millones de años. Rutas como el Camino Real de Guadalupe, la Senda de los Apalaches o los senderos geológicos integran naturaleza, cultura y gastronomía en una misma vivencia.
Villuercas-Ibores-Jara es el sabor del Geoparque: una tierra donde miel el queso y el aceite se combinan con monumentos y paisajes únicos, ofreciendo al viajero una experiencia que es al mismo tiempo natural, cultural y gastronómica.